
Castagniccia, en la isla de Córcega, le debe su nombre a las castañas. Los árboles que dan este fruto se imponen en este paisaje de montaña que no se termina, prácticamente, hasta llegar a la orilla del mar. Además, en esta singular región de Francia la castaña ocupa un lugar privilegiado en cuanto a gastronomía y está muy presente en la vida de todos sus habitantes.
Otra de las ventajas de visitar esta región es la inmersión en la historia de la misma. Pasquale Paoli, uno de los mayores defensores de la independencia de Córcega del siglo XVIII, dejó aquí gran parte de su legado.
Precisamente gracias a su riqueza pasada, Castagniccia posee las iglesias barrocas más bellas de toda Córcega. Son de visita obligada la la Iglesia de San Juan Bautista, la Iglesia de San Pedro y San Pablo, la de Santa María y San Érasme y la Capilla de Santa Cristina. Todas ellas están dotadas con hermosos retablos y pinturas que son auténticos tesoros.

A parte de los castaños, viñas, olivos y cabras son elementos naturales de este paisaje. Así, la gastronomía de la región se ve claramente influenciada por estos productos. Algunos de los mejores vinos, quesos y aceites de oliva de Córcega se pueden encontrar aquí.
Tampoco se puede uno marchar de Castagniccia sin probar las especialidades preparadas a base de castaña: Pan, polenta y un sinfín de pastas y pasteles donde el ingrediente especial es este fruto seco.



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