Originalmente diseñado a partir de los restos del palacio de un cardenal del Siglo XIV, La Mirande mezcla a la perfección magnífica arquitectura con lo último en lujo contemporáneo. Este lugar captura el romance del pasado, incluyendo auténticas obras maestras antiguas en pintura y antiguedades, complementado con las encatadoras vistas de la Plaza, el Palacio de los Papas y los majestuosos jardines.
Sus origenes se remontan a la época en que Avignon era la cuna del poder pontificio y sede de la Iglesia Católica. Más tarde, se convirtió en la residencia privada de un aristócrata y, finalmente en el íntimo hotel boutique de 20 habitaciones que es hoy
Es curioso el estilo tradicional de este hotel, puesto que solo cuenta con 10 años de antiguedad, está a la altura de cualquier hotel boutique contemporáneo, así como también puede competir con cualquiera de esos hoteles antiguos tan bien conservados de un gran estilo e historia. La Mirande, lo tiene todo, además de una atencion al cliente para dejarnos boquiabiertos.
Aquí encontrará paredes tapizadas de telas delicadamente estampadas a mano, suelo entarimado hecho artesanalmente con maderas de roble ensambladas y una extraordinaria colección de antigüedades, tapices y obras de arte originales. El resultado es más intenso y atractivo que la grisácea solemnidad de muchos hoteles de época, y también es mucho más funcional. Los cuartos de baño, en particular, son amplios, muy luminosos y están provistos de múltiples espejos y ventanas antiguas que, en muchos casos, dan al palacio del Sumo Pontífice.
El hotel cuenta con un buen restaurante de una sencilla cocina tradicional provenzal, en el que, además, se imparten clases en una auténtica cocina del siglo XIX, que parece sacada de una película de época. La Mirande se encuentra en el centro de Avignon. Aproveche la oportunidad de darse un paseo por la ciudad amurallada y disfrute la gran variedad de restaurantes, cafeterías y puestos de mercado, porque, como la mayoría, seguramente haya elegido este lugar por su interés gastronómico, además del interés cultural que ofrece.






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